Entender la cámara (III). Controlando la cantidad de luz. Velocidad de exposición y sensibilidad

Siguiendo con la serie de artículos anteriores, hablaremos de los conceptos de velocidad de obturación y la sensibilidad. Una vez que tenemos elegida nuestra apertura y por tanto la cantidad de luz que llegará a nuestro fotograma, ahora hay que dejar que esa luz alcance, efectivamente, al sensor. Para ello hay que exponer la superficie del sensor o de la película a la luz durante un fracción de tiempo para que el material “fotosensible” (ya sea electrónica o química) haga su trabajo y guarde, en forma de imagen, la huella de la luz.

El elemento físico que que hay al final del camino de la luz, es el obturador. Éste se sitúa en el cuerpo de la cámara y está siempre cerrado, independientemente de la apertura del objetivo. Sólo cuando presionamos el botón de captación de la cámara se abre, dejando pasar la luz y efectuando la fotografía. Por tanto, el tiempo de exposición (junto a la apertura) determinará si la imagen es demasiado oscura, demasiado luminosa o quemada o simplemente si su exposición es correcta.
La cuestión es ¿cuánto tiempo debe quedar abierto el obturador para que la imagen aparezca correctamente expuesta?
Pues para eso, cualquier cámara con controles manuales, cuenta con una serie de medidas que podremos seleccionar para regular la velocidad de exposición o tiempo que el obturador deja pasar la luz.
La velocidad de exposición se mide en fracciones de segundo: 1/50, 1/90, 1/100, 1/125, 1/200… pudiendo llegar al 1/4000 o más.
Para entendernos, 1/2 significa que durante medio segundo el obturador queda abierto dejando pasar la luz. En el siguiente paso, 1/4, el obturador queda abierto durante un cuarto de segundo, dejando pasar menos luz y así sucesivamente…
Pero en ocasiones especiales podemos necesitar que el obturador permanezca abierto más de un segundo. En ese caso la escala de nuestra cámara nos permitirá elegir, no fracciones, si no segundos enteros: 1”, 1,5”, 2”… O incluso dejar el obturador abierto durante tiempo ilimitado, que el el “modo B”, que tienen las cámaras más avanzadas, donde el obturador no se cierra hasta que dejemos de pulsar el disparador.

OBTURACIÓN Y MOVIMIENTO

El tiempo que está abierto el obturador, no sólo determina, junto la la apertura, la cantidad de luz de la toma, sino que produce también otros efectos relacionados con el “movimiento” de los objetos ante la cámara.

Una velocidad de obturación alta, literalmente congela el movimiento, capta una fracción de tiempo tan pequeña que permite capturar movimientos rápidos y que a la vez aparezcan nítidos. Por tanto las altas velocidades de obturación son ideales para fotografía deportiva (1/1000 o más), donde podemos capturar acciones dinámicas completamente nítidas. Por otro lado las velocidades lentas (1/50, 1/90…) recogen un instante de tiempo mayor y captan entonces “distintas posiciones” del objeto o sujeto fotografiado en una misma toma, ya que durante el tiempo de obturación se habrá desplazado, con lo cual no aparece nítido, pues tendrá desenfoque de movimiento. Largos tiempos de exposición se usan para fotografiar rastros de luz, por ejemplo.
 

Esto se suele usar como recurso estético y bien usado puede dar lugar a imágenes ciertamente impactantes.

Pero hay que tener mucho cuidado con las velocidades de obturación lentas pues igual que captan los movimientos de todo lo que se mueva ante la cámara, también registrarán nuestros movimientos. Pequeños tembliques de la mano o incluso el movimiento al respirar, provocarán que toda la toma completa aparezca movida… En estos casos es imprescindible un pulso de hierro, o en su defecto, un buen trípode.

Por otro lado, las velocidades de obturación lenta se usan en fotografía nocturna, siempre acompañada de un trípode y a ser posible de un disparador remoto para evitar que incluso el movimiento de pulsar el botón de la cámara arruine la toma.

La obturación es exactamente lo mismo que hacían nuestros antepasados cuando, en las antiguas cámaras de cajón de madera y fuelle, abrían manualmente la tapa frontal de la caja y durante unos segundo dejaban pasar la luz para hacer la foto. Técnicamente es lo mismo.

Si bien, actualmente los tiempos de exposición necesarios para captar una imagen son mucho menores ya que la sensibilidad de las películas y sensores es mucho mayor.Igual que hay objetivos más luminosos que otros existen sensores y películas más “rápidos” que otros. Esto significa que con el mismo tiempo de exposición son capaces de realizar “impresiones” de la luz mejores que otras, es decir son más sensibles.

LA SENSIBILIDAD O NÚMERO ISO

La sensibilidad es otro factor a tener en cuenta a la hora de calcular la cantidad de luz que debemos hacer llegar al sensor de la cámara.

En fotografía analógica donde era la película el elemento fotosensible y no un sensor, simplemente había que elegir el tipo de película según las necesidades.
Las películas más rápidas son aquellas que necesitan menos tiempo de exposición y son ideales para situaciones con poca luz.
Cada tipo de película tiene un número de referencia que determina su sensibilidad. Se trata del número ISO.Actualmete en la fotografía digital, el número ISO se encuentra en la propia cámara, lo cuál supone una enorme ventaja frente a la fotografía analógica, pues es como si en cada foto pudiéramos seleccionar una película distinta según nuestras necesidades, mientras que antes, una vez que se cargaba un rollo de cierta sensibilidad, se debía acabar todo el rollo antes de poder cambiar la película por otra de distinta sensibilidad.
El ISO digital está determinado por el sensor de la cámara y su capacidad para captar la luz.A más sensibilidad, mayor número ISO, a menos sensibilidad menor ISO, igual que en analógico:ISO 50-100: sensibilidad estándar para ambientes luminosos (ISO100 siempre ha sido la película tipo para luz día), ISO 200-400: sensibilidad alta, atardecer, interiores…
ISO 800 en adelante (hasta ISO 3200 o más): sensibilidad extrema, interiores muy oscuros y noche…
 

 

Pero al igual que ocurre en fotografía analógica, un número ISO alto, a pesar de ser de gran ayuda en situaciones de poca luz, lleva aparejado un efecto secundario: el ruido.
El ruido en fotografía se refiere a la notoriedad del grano de la película.
El material fotosensible del que están hechas las emulsiones fotográficas (sales de haluro de plata) son pequeños granos que reaccionan a la luz. Si esas partículas son mayores, la sensibilidad de la película también será mayor porque capta mejor la luz, pero eso lleva aparejado que el grano empiece a ser visible, lo cual lesiona gravemente la nitidez de la imagen. Si bien ese “grano” se usa en ocasiones como recurso estético, siempre se suele buscar la máxima nitidez, por lo cual no es bueno abusar de un número ISO alto.En fotografía digital, aunque no existen tales partículas fotosensibles, las células de los sensores si tienen un rango de sensibilidad que, mientras más se fuerce,(ISO más alto) más ruido digital producirá. Este ruido, aunque no igual al grano de las películas analógicas, sí provoca el mismo efecto de falta de nitidez y granulado de la imagen.Una vez que entendemos en qué consiste la velocidad de obturación y el número ISO, podemos combinarlos con la apertura y la distancia focal, controlando así todos y cada uno de los elementos que intervienen en la captura de una imagen, ya sea en fotografía o en vídeo.En siguientes artículos hablaremos un poco de las diferencias entre la obturación de fotografía y la obturación de vídeo, pues aunque provocan efectos similares, técnicamente no funcionan igual.